Saltar al contenido

Y Qué Si Sale Mal, Yo Elijo De Quién Me Enamoro

Me he cansado de engañarme a mí misma intentando echarle la culpa al destino, al karma, a la gravedad o hasta a la insignificante mota de polvo de mi habitación. Ya está bien de ser tan hipócrita como para pensar que tú fuiste un capullo, un cabrón enfermizo manipulador que me engañó para que me enamorase de él o que una fuerza superior del destino me puso en tu camino como una especie de prueba o castigo.

No, sabía perfectamente lo que estaba en juego. Desde el momento en el que te besé supe que podía hacerlo, que iba hacerlo. ¿Paré entonces? No, seguí besándote. ¿Acaso soy idiota? No, tan solo pensé “a la mierda”. Todas nuestras decisiones no tienen por qué ser acertadas pero no por eso dejan de ser nuestras elecciones.

Quise enamorarme de ti, elegí hacerlo y me equivoqué

Así que sí, estoy enamorada de ti y lo estoy porque quiero. Por lo menos, porque quise en su momento y ahora no sé cómo no estarlo. No es un interruptor que puedas encender o apagar en cuanto te plazca. Ojalá lo fuese.

Sea como fuere, yo te escogí a ti. Elegí besarte. Decidí conocerte y dejarte que me conocieses. Y no fue de golpe, fue poco a poco, como cuando vas quedándote dormido y de golpe lo estás. No sabes cómo ni cuándo, pero lo estás.

¿Por qué tú? Algo me decía que no iba a acabar bien pero me importó entre cero y nada. Es tan sencillo como que me apetecía y punto. No eras el mejor, no eras quién más me convenía y mucho menos eras el que me merecía. Y aun así, decidí enamorarme de ti. Y, repito, no, no soy idiota.

Tú eras esa pared contra la que darse de frente una y otra vez. Quise enamorarme de ti, elegí hacerlo y me equivoqué. No hay más que eso. No tengo la autoestima por los suelos para ir detrás de tíos que no me quieren lo suficiente y meterme en la boca del lobo una y otra vez enamorándome como una imbécil masoquista que lo único que busca es que le hagan daño.

Simplemente me equivoqué contigo. Las pistas estaban ahí pero no supe verlas. Eras aventura y yo quería aventura. Estaba sedienta de retos e imposibles y elegí enamorarme de ti porque pensé que eras lo que quería, pero no lo eres.

Aunque no saliese bien, mereció la pena

Quiero mucho más. No voy a conformarme con esto y, de nuevo elijo no hacerlo. Así que igual que me enamoré de ti, poco a poco y de repente, de golpe; también me desenamoraré de ti porque he decidido hacerlo. Por supuesto, no es una decisión fácil pero es mi decisión.

Entonces, un día, del mismo modo que decidí enamorarme de ti elegiré hacerlo de otro. Quizá otro mejor, quizá no. Quizá vuelva a equivocarme, quién sabe, pero eso es lo que menos importará porque estaré siguiendo mi instinto. A esa voz que grita dentro de mí que me lance al vacío, que pierda el control y me deje llevar porque, aunque puede que cuando toque el suelo me rompa en pedazos, la caída habrá merecido la pena. Porque elegí enamorarme de ti y, aunque no saliese bien, mereció la pena.