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Tus Acciones Hablan Más Alto Que Tus Sentimientos

De nada me sirve que me digas lo que sientes si no lo demuestras. Poco importa que me eches de menos si no haces nada para evitarlo. No puedo saber qué sientes o qué estás pensando si no me lo dices. Tus comentarios entre líneas no son suficientes, no para mí. Quiero más de ti. Quiero acciones.

Tú y yo somos iguales. Nos aterroriza compartir nuestros sentimientos. Las palabras se nos atascan en la punta de la lengua. No sabemos cómo decirlo, cómo dejar las cosas claras y por eso la mayor parte del tiempo no lo hacemos. Dejamos que nuestros sentimientos vayan creciendo y mutando en nuestro cerebro, pudriéndose, llenándonos de preocupaciones que no llevan a ninguna parte. Nos pasamos la vida pensando que lo más importante es lo que sentimos pero estábamos equivocados. Enfocarnos en nuestras emociones, encerrarnos en ellas, darle vueltas siempre a lo mismo y regodearnos en nuestras pasiones y preocupaciones es el peor método para superar nuestros problemas. Así lo explican el psiquiatra Dr. Michael Bennet y la cómica Sarah Bennet en su libro F*ck Feelings, en el que aseguran que para superar tus problemas el primer paso es pasar de tus sentimientos. Lo sé, resulta extraño pero cuando nos paramos a pensarlo, la mayoría de nuestras preocupaciones no tienen arreglo y pensar en ellas no nos permite avanzar. ¿La solución? El humor. Ser capaces de reírnos de cómo apesta nuestra vida es más eficaz que intentar averiguar por qué nos sentimos cómo nos sentimos mientras nos escondemos bajo el edredón.

Nos definen nuestras acciones

No nos definen nuestros sentimientos. A ti y a mí nos definen nuestras acciones. Las palabras se olvidan pero los actos permanecen convirtiéndose en historia, en nuestra historia. Los sentimientos son pasajeros. El enamoramiento desaparece pero no lo que hicimos el uno por el otro, eso es lo que de verdad importa. Además, nuestras emociones están sujetas a un proceso de cambio continuo, incluso nosotros mismos somos capaces de modificarlas con nuestro cuerpo. Según el psicólogo Paul Ekman, puedes transformar tus emociones variando tu expresión facial. Por lo tanto, cuando te sientas triste, una simple sonrisa puede salvarte un poco de esa tristeza.

Sin embargo, esto no significa que tengamos que barrer nuestros sentimientos debajo de la alfombra. Lo más importante es reconocer cómo nos sentimos y saber de dónde vienen esas emociones. Cuando lo sepas, cuéntamelas. Cuéntame qué te ronda por esa cabeza tuya pero no te quedes ahí: ¡Demuéstralo! No necesito un “te quiero”, me basta con esa mirada tuya que me muestra que no hay otra persona en la habitación para ti. ¿De qué me sirve un whatsapp con un “te echo de menos”? Llámame. Ven a verme. Invéntate una excusa mala para hablar conmigo y acortemos las distancias. No me digas que te importo, que me necesitas. No lo hagas, elígeme, elige compartir tu tiempo conmigo, enséñame lo que te gusta y esfuérzate por conocerme. Pero, sobre todo, no te rindas, no conmigo. Eso es mejor que cualquier “te amo”.