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¿Somos Adictos A Enamorarnos?

¿Cómo sabes si estás enamorada? Es una de las sensaciones más extrañas del mundo. Los científicos aseguran que es como estar colocada, obsesionada o loca. Algunos dicen sentir mariposas en el estómago pero en verdad se parece más a tener ganas de vomitar, una especie de resaca permanente pero mucho más placentera.

Enamorarse es estar en una montaña rusa sin fin, montados en un vagón que nunca se detiene. Vamos subiendo creyendo que podemos alcanzar el cielo con la punta de nuestros dedos, cuando de repente caemos en picado y sentimos que el corazón se nos sale por la boca.

A pesar de todo esto, somos adictos a enamorarnos. ¿Cuál es nuestro problema? ¿Somos idiotas o algo por el estilo? ¿Masoquistas? ¿O unos drogadictos? De todas estas razones, quizá la que más se aproxime sea la última de ellas porque al final el enamoramiento es una droga como cualquier otra y muchos de nosotros no nos damos cuenta de que somos adictos hasta que acumulamos en nuestras espaldas un buen número de relaciones que no superan el bache de los tres años.

Y es que lo que bien empieza no siempre termina del mismo modo. Al principio sientes que es el hombre de tu vida, que nunca conocerás a otro como él, que nunca nadie te había hecho sentir de ese modo, que con solo mirarte todo tu cuerpo se estremece, que nada más importa cuando estáis juntos, que todo se detiene y el tiempo deja de existir. Una gozada, ¿verdad? Pero esto no es todo, amigas. A la vez sentimos ansiedad, nos obsesionamos porque no nos contesta un simple whatsapp al minuto de haberlo enviado, nos emparanoiamos cuando creemos que pasa de nosotras y sentimos celos por cualquier cosa, en mayor o menor medida. Discutimos y hacemos el amor, y hacemos el amor y discutimos.

No es real, es químico

Todo está unido. El enamoramiento es pasión y la pasión engancha pero no dura para siempre. Lo siento, alguien tenía que decíroslo. Eso de “es perfecto, me encantan hasta sus manías” no es real, es químico. Las primeras citas, la tontería, tu sonrisa en la cara cada vez que te dice alguna chorrada, las mariposas en el estómago o los nervios cada vez que habéis quedado acaban desapareciendo.

No hay nada que puedas hacer para evitarlo. Todas las relaciones tienen sus etapas y el enamoramiento es la primera de ellas pero su fin no es el fin de una relación. Y he aquí el problema. Nos hemos acostumbrado a vivir en esa montaña rusa de sentimientos, dejándonos llevar por nuestras pasiones hasta el punto que cuando se calma creemos que hemos dejado de amar a esa persona.

Somos unos zombies colocados buscando enamorarnos una y otra vez

Nos aburrimos. No sentimos mariposas en el estómago ni nervios, tu cuerpo tampoco se estremece como si fueses un flan cada vez que te roza, ya nos conocemos y eso no supone un reto. Entonces deseamos volver a lo que teníamos y evidentemente no podemos porque la química del enamoramiento tiene fecha de caducidad. Como unos adictos, nos mentimos a nosotros mismos diciéndonos que hemos dejado de querernos y buscamos a otro con el que volver a empezar desde el principio. De nuevo la pasión, la obsesión, los nervios, las mariposas, las sonrisas tontas…

Y así seguimos, como zombies colocados buscando enamorarnos una y otra vez, viviendo en una fantasía y rechazando la realidad, evitando el reto que supone amar a alguien sin la química que nos nubla el juicio. ¿Y si lo que viene después de enamorarse es todavía mejor? ¿Te lo habías planteado?

Dejemos de ser Peter Pan, no podemos ser niños eternamente ni tampoco estar enamorados para siempre. Pero el amor, eso es otra historia.