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Mamá, No Me Hables De Cuentos De Hadas

Mamá, me hablaste de castillos, dragones y príncipes azules y lo único que he encontrado han sido capullos sacados de cuento.

Quería ser la Cenicienta o la Bella Durmiente e inconscientemente pensé que alguien tendría que venir a salvarme, en lugar de comprender que era yo la que me tenía que salvar.

No querías venderme la misma mierda de siempre, querías abrir mi mente, sacarme de esas películas de Disney con final feliz pero elegiste poner Pretty Woman en el VHS. Tú sabías que la vida no es de color de rosa, que no todo acaba bien y que no hay finales felices pero yo era una niña y las niñas tienen que creer en la magia, en los Reyes Magos y en los caballeros montados en corcel blanco.

Sin darte cuenta me hiciste creer que el amor lo puede todo y que para ser feliz he de enamorarme y encontrar a mi hombre ideal, cuando en el fondo tú tampoco te lo creías. No fue culpa tuya, quisiste darme magia en mi infancia sin pensar que luego todo se volvería negro.

Lo que realmente quería era ser como tú

Ahora sé que lo que realmente quería era ser una mujer fuerte, independiente y valiente como tú, en lugar de una damisela en apuros que esperaba que ese hombre perfecto apareciese a rescatarla de su torre, alejándola de los dragones y demonios que no dejaban de perturbarla. Pero en su lugar, me tragué una y otra vez la escena en la que el tipo rico decide sacar a la prostituta de su mala vida para dotarla de lujos y amor. ¿Soy la única que recuerda que ella ya iba a salir de todo aquello antes de que él apareciese con su limusina blanca y un ramo de rosas rojas bajo el brazo?

Ojalá me hubieses hablado de Frida Kahlo, de Marie Curie, de Ana Frank y de ti. Podría haber sobrevivido sin historias de príncipes y princesas con finales edulcorados que no son ni un pequeño reflejo de la realidad. Ahora quizá tendría todavía mucho más claro que ellos tampoco son perfectos, que los hombres tienen miedo, que los chicos lloran y se hacen daño y que todo esto es lo que les convierte en héroes y en los mejores compañeros, que esto es lo que hace que me enamore de ellos, sin importarme que vengan a buscarme en un caballo blanco o en una bici oxidada.

Ojalá me hubieses repetido más que las mujeres pueden ser las heroínas, que las princesas son las tontas del cuento y que yo sola me basto, que yo soy suficiente. Una niña quiere historias, mágicas o no, irreales o no. En el fondo yo quería tu historia, quería historias de mujeres fuertes y luchadoras, no de tontas y frágiles por amor.

Pero ¿sabes, mamá? No es tarde. Olvidémonos de historias de amor a lo Federico Moccia, de mujeres sumisas y amores incondicionales. En el fondo, ninguna de las dos queremos a un Christian Grey en nuestra vida. No quiero vestidos de vuelo de color rosa. Quiero unos vaqueros y unas zapatillas cómodas para salvarme y comerme el mundo sin que me duelan los pies. Y quiero hacerlo sola o con alguien que no lleve armadura. Eso es lo que quiero. No quiero cuentos de hadas con final feliz.

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