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Lecciones Que He Aprendido Al Estar Sola

Desde que tenemos uso de razón se nos inculca que para ser felices debemos tener una relación de pareja. Se nos dice que la vida no tiene sentido sin esa media naranja que nos completa. ¡No vayamos a pensar que ya nacemos enteras, ¿eh?, que nos estaríamos equivocando! Hasta que no encontremos a alguien – y cuanto antes mejor, no vaya a ser que se nos pase el arroz – que nos quiera incondicionalmente nuestra vida carecerá de sentido.

Sí, incondicionalmente . La RAE define esa palabra como:

1. adj. Absoluto, sin restricción ni requisito.

2. com. Adepto a una persona o a una idea sin limitación o condición ninguna.

Me pongo a pensar y resulta que yo no quiero amar a nadie de esta manera.

¿Sin restricciones ni requisitos? ¿Sin limitación o condición alguna? ¿Acaso es así como funciona el amor?
Si así fuera, seguiríamos queriendo estar con nuestras parejas en el caso de que nos engañasen, nos insultasen e, incluso, nos maltratasen. Porque claro, “les amaríamos de manera incondicional”.

Se relaciona estar sola con sentirse sola. Es lógico, porque todo el mundo sabe que cuando tienes una relación todo es maravilloso y no hay momentos en los que te sientes sola, infeliz e incomprendida. Esto solo se siente si estás soltera. Y además, no hay parejas juntas por pura comodidad, ¡qué va!, todos están enamoradísimos. Y tú no, ¡qué cosas!

¿Sabéis lo que os digo? Que la comodidad y yo no nos llevamos bien. Prefiero salir a bailar, equivocarme, ligar, caerme, llorar, pensar, olvidar, arriesgarme, desesperar, triunfar, fracasar… y sentirme bien con todo ello.

Otro error en el que incurrimos es echar de menos a ese alguien que nos abrace por las noches, que nos mime, que se muera por vernos, que nos diga palabras de amor. Queremos a “alguien” aunque ni si quiera exista… es decir, no echamos de menos a alguien en particular, sino la idea de tenerlo.

Y ahí es cuando caemos en otro pozo sin fondo, el de idealizar a la última persona por la que hemos sentido algo. Nuestra auto-provocada falta de cariño nos impide pensar con claridad las razones por las que acabó, pensamos en el qué pudo haber sido, en lugar de en por qué fue. Supongo que esperamos demasiado del amor, esperamos a alguien que nos lo dé todo, en lugar de comprender que cada persona nos ofrece algo distinto.

Vemos a todas esas parejas, las envidiamos, queremos ponernos en su piel. Pero no nos dejemos llevar por las apariencias, las únicas personas que saben lo que pasa dentro de una pareja son ellas mismas –y a veces ni eso- pero tampoco nos dejemos llevar por el odio por no tener algo similar.

¡Tu vida no está acabada! De hecho, solo acaba de empezar. Y me decepcionarías enormemente si la búsqueda de la pareja ideal fuese el único propósito en tu vida, porque eso significaría que está muy vacía.

Preocúpate por ti, por lo que tú quieres, por lo que tú eres

Tómate tu tiempo para comprender qué tipo de persona eres, qué cualidades valoras más en los que te rodean, qué propósitos tienes en la vida, qué es lo que más aborreces, cómo quieres vivir, qué quieres lograr… Preocúpate por ti, por lo que tú quieres, por lo que tú eres. Sé exigente, no te conformes y di: “no estoy sola, tengo mis ganas de comerme el mundo, mis planes, mis experiencias, mis cicatrices y mis sueños. ¿Qué más se necesita para ser feliz?”