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Dejemos De Llamarnos Putas Unas A Otras

Hoy es el Día Internacional de la Mujer . Todas y cada una de nosotras estamos siendo alabadas por nuestra valentía, trabajo, dedicación y coraje. Somos extraordinariamente protagonistas en todos los medios de comunicación y estamos recibiendo todo tipo de méritos que por desgracia con los días se irán disipando hasta de nuevo el año que viene.

Es un día en el que nadie duda todo lo que valemos. Pero nosotras eso ya lo sabemos, ¿verdad? Son los hombres los que no nos valoran, aprecian ni respetan. Son ellos los machistas. Son ellos los enemigos. Son ellos los hipócritas que hoy nos están llenando de alabanzas y al cabo del tiempo se les olvidará todo lo que hacemos. Ellos son los malos, nosotras no.

Nosotras nos apoyamos siempre. Somos chicas independientes, liberales, modernas, libres y autosuficientes. No necesitamos a nadie más que a nosotras mismas y nos gusta tomar las riendas de nuestra propia vida. Por ello alabamos a las mujeres que tienen el coraje de a los 50 años enamorarse de otra persona y dejar a su marido. Ponemos en valor que una chica lleve su sexualidad libremente y decida compartirla con todos los hombres que se le antoja. O qué decir de las alabanzas que reciben aquellas mujeres guapas y atractivas que constantemente tienen que estar apartando la mirada de los hombres y soportar comentarios desagradables. A estas últimas intentamos darles todo nuestro apoyo. ¿Qué culpa tienen ellas de que nuestro padre, novio o amigo les mire? Ellos son los malos, nosotras no.

¿Realmente son los hombres los únicos culpables?

No sé a quién quiero engañar. Posiblemente a mí misma por la vergüenza que me da pensar en cómo nos tratamos las mujeres entre nosotras. Exigimos al mundo respeto cuando nosotras nos lo destruimos de un plumazo.

Cuando tenía tan solo 15 años me llamaron puta por la calle. Desconozco el motivo aún con claridad. Podría ser que me viera hablando con el niño que le gustaba, que no le gustaran mis pantalones campana o simplemente que yo no era de su agrado. Pero sí, esa fue la primera vez que me llamaron puta a la cara. Y no es algo extraordinario, a todas una vez u otra nos han calificado como tales. A nuestras abuelas, a nuestras madres y seguramente cuando tengamos hijas también a ellas una mujer despechada, rabiosa o celosa se verá con la potestad de llamarlas putas.

¿Qué estamos haciendo? ¿Por qué pagamos nuestras inseguridades con nosotras mismas? Nos quejamos de los hombres pero nosotras podemos llegar a ser mucho peor. Cuando es el hombre quien te puso los cuernos, la puta es esa chica con los que te los puso. Tu marido es un descarado porque mira a otras mujeres por la calle, pero es que ellas van como unas putas vestidas.

¡Ya está bien! Dejemos de destruirnos de ese modo. La igualdad debe germinarse en nosotras. Sólo así podremos combatir juntas el machismo, la desigualdad y la violencia de género. Si no nos respetamos a nosotras mismas absolutamente nadie lo hará.

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