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Carta De Amor A La Pizza

Deliciosa y amada pizza,

Hoy quiero decirte que te quiero. He intentado no caer en la tentación, he luchado contra la gula y la lujuria pero he perdido. Ya no puedo ocultar mis sentimientos, mis ansias ni mi hambre. Y ¿cómo podría? Eres realmente irresistible.

Llevo tiempo intentando alejarme de ti, eliminándote de mi vida porque alguien me dijo que lo hiciera. Durante estos meses he tratado de sustituirte con ensaladas desustanciadas, verduras y comida sana, pero ellas nunca llenaban tu vacío. Ese agujero negro de mi estómago que solo tú sabías satisfacer, y es que solo tú me completas. Sueño con tenerte dentro de mí, de llevarte a mi boca y saborear cada parte de ti: tu masa crujiente, el sabor del orégano y cómo tu mozzarella se derrite en mi boca. No puedo pensar en otra cosa que en ti y en tu olor cuando estás recién sacada del horno, muy caliente.

He sido muy estúpida. Pensé que no eras buena para mí, que tenías la culpa de que mis vaqueros preferidos ya no me abrochasen. Creí que solo querías tentarme, seducirme con el único propósito de verme más gorda y menos sana, pero estaba equivocada. Me dejé engañar por artículos malvados de revistas de moda que promovían una dieta sana y mediterránea, y ¿qué hay más mediterránea que tú?

Los viernes ya no eran lo mismo sin ti. Yo ya no era la misma sin ti.

Lo siento. Espero que me perdones. No supe ver que tú siempre has estado ahí para mí, en mis mejores y también en mis peores momentos. Cuando tuve un día horrible, tú me alegraste. Cuando estaba agotada y no me apetecía cocinar, tú estabas esperándome para cenar con solo una llamada de teléfono. Estuviste conmigo en mi primer cumpleaños con mis compañeros de clase en Telepizza y también esas noches locas de fiesta con mis mejores amigas cuando te necesitaba para volver de camino a casa. ¿Y yo qué hice a cambio? Te dejé de lado. Te odié y te abandoné solo para tener una talla menos. Hoy sé que me equivoqué. Los viernes ya no eran lo mismo sin ti. Yo ya no era la misma sin ti. Dicen que solo te das cuenta de lo que tienes cuando lo pierdes y no hay palabras que puedan explicar lo mucho que me arrepiento de haberte dejado ir.

Las cosas han cambiado, me he dado cuenta de que tú siempre me has querido tal y como soy. Gorda, delgada, maquillada, sin maquillar, con un vestido o un chándal. No importa el momento, tú siempre me haces sentir mejor, bien conmigo misma y, sobre todo, muy satisfecha. Por mi parte, prometo que no volveré a fallarte, que jamás dejaré un trozo a medias o te tiraré a la basura. No importa lo muy llena que esté o que todavía me quede media calzone. Prometo cenar contigo por lo menos una vez por semana y hacer cosas diferentes. Prometo tenerte en mis manos y respetarte en todo momento, aceptándote tal y como eres, sin querer quitarte las olivas negras y entendiéndote cuando te sientes hawaiana y te apetece ponerte piña. A mí me gustas de cualquier manera.

Sé que las cosas se han puesto difíciles y que tengo mucha competencia, porque nadie en su sano juicio podría negarse a ti. Todo aquél que afirme que no le gusta la pizza no es de fiar. Pero yo te necesito. Hoy lo sé. Sé que no puedo vivir sin tu versión llena de nata y champiñones, sin ese extra de queso, sin la barbacoa y no puedo estar sin tu esencia más natural, suave y dulce margarita.

P.D: Te quiero.