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Carta A Todos Esos Que Nunca Habéis Dejado De Soñar

Cuando éramos pequeños todo el mundo nos decía que podíamos ser lo que quisiéramos de mayores. Que sólo teníamos que perseguir nuestros sueños.

Nosotros jugábamos a construir mundos imaginarios, con nuestros Legos y nuestras casas de muñecas. Creábamos un universo futuro en el trabajábamos en algo que nos apasionaba y divertía.

Queríamos ser cantantes, actrices, deportistas de élite y hasta cowboys o astronautas. Queríamos cambiar el mundo..

Pero entonces llegamos al instituto y todo se volvió en nuestra contra. De repente nos decían “tienes que hacerte mayor y estudiar para tener una carrera con muchas salidas”. Nuestros padres eran los primeros en negarnos nuestros sueños, en decirnos que dejáramos de ser tontos y nos hiciéramos prácticos.

Parecía que el único tipo de vida que teníamos por delante era la de trabajar en una oficina de 9 a 5, comprarnos una casa con una hipoteca a 50 años y “soñar” con la jubilación.

Por suerte, muchos de nosotros decidimos saltarnos la norma. Decidimos que íbamos a seguir persiguiendo nuestros sueños. Algunos viajamos, otros seguimos con nuestras aficiones, buscamos trabajos mal remunerados pero que nos encantaban o estudiamos carreras sin ninguna salida.

Que no malinterpreten, el trabajo de oficina tiene sus ventajas: seguridad económica, rutinas, capacidad para comprarte cosas y pocos sobresaltos. Pero somos muchos los que no hemos nacido para tener este tipo de vida. Respetamos y admiramos a los que son capaces de levantarse cada mañana para ir a hacer algo que nos les apasiona, pero no queremos ser como ellos.

Para nosotros la vida es algo más que eso. Para nosotros consiste en divertirnos cada día, en tener libertad para viajar, en vivir todo tipo de aventuras. Consiste en poder dejarlo todo por amor. En poder cambiarte de ciudad en un periquete si te ofrecen el trabajo de “astronauta” que siempre habías soñado. Nosotros no queremos trabajar por dinero, no queremos caer en esa trampa de “hacerte mayor”. Sabemos que la vida es corta y que no disfruta del mismo modo encerrado en el cubículo de una triste oficina.

Muchos de nosotros no hemos dejado de soñar. Nuestros sueños han podido cambiar, pero hemos sido capaces de mantener la llama viva.